Un paté grueso, no para untar, sino para comer con tenedor en cuyos dientes se engarza un pellizco de pan. La fórmula es casera y, por tanto, variada de unos sitios a otros, según la proporción en que se utilicen sus componentes: tres aves (perdiz, codorniz, gallina) y tres carnes (liebre, conejo, cerdo). El resultado es una pasta viscosa, cuya base es el hígado de cerdo cocido y espesado con pan; las especias utilizadas son las propias de la naturaleza (tomillo y romero). La cocción se hace a fuego lento, en cuenco de barro o sartenilla. En la mayor parte de los casos, el resultado es un plato delicado y extraordinariamente sabroso.